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Primer día en Panamá: Con un pedalear relajado y pausado disfrutamos de los primeros Km. en tierras panameñas. Pensamos en llegar a la población de Almirante donde nos embarcaremos en ferry a Bocas del Toro, pero después de Changuinola nos sorprende una carretera con grandes subidas que exigirá lo mejor de cada uno de nosotros. La noche se nos hecha encima cuando empieza a llover y a los pocos Km. nos quedamos sin agua. En cuestión de minutos un agradable día se ha convertido en angustia.

A empezado a llover, con las primeras gotas de agua el aula se convierte en un pantano. Todos salen del aula mientras esperan a que termine de llover para luego con escobas empujar el agua fuera del aula.

Al día siguiente hacemos una visita a la escuela de la comunidad Loma Muleto. En aulas sin luz decenas de alumnos hacen un gran esfuerzo por salir adelante.

Las profesoras se prestan a que les tomemos unas fotos con su grupo de alumnos.

En medio de la oscuridad y a pié de carretera preguntamos a gente de la comunidad indígena Loma Muleto, por nuestro porvenir si seguimos pedaleando. “Estáis a medio camino y entre grandes subidas y conseguir agua es un problema”. El Sr. Miguel Miranda de etnia Güaymi nos invita a quedarnos en su casa, junto a su familia. No dudamos un instante en aceptar la invitación.

En aulas de madera con paredes recubiertas con pósters de física y geografía, un profesor los atiende en todas las asignaturas. A nuestra llegada las clases son interrumpidas. Indira y Antonio hablan con el profesor mientras Marc rompe el hielo con los alumnos. Son como cualquier otro niño de 13 años de cualquier rincón del mundo, con la misma timidez y deseos por saber y conocer, pero ellos son panameños y solo por ello los muros son mas altos para ellos.

“No tenemos luz y no porque no la queramos pagar, simplemente no hay instalación eléctrica que la haga llegar hasta aquí”.

EL Sr. Miguel Miranda nos presta su cabaña pero antes compartimos un café a la luz de dos velas mientras hablamos de la simplicidad de viajar en bicicleta por América en comparación con lo que representa vivir y salir adelante en esta parte de Panamá.

Unos con zapatos otros sin, todos corren junto a la gran olla sobre las brasas donde hierve la sopa de leche con maíz.

Después de la sopa todos corren y juegan bajo la lluvia. En un lugar de escasos recursos sorprende ver como los niños no dejar de ser niños y juegan entre ellos con cualquier cosa que se les ponga por delante, en este caso una pelota deshinchada.

En medio de un aguacero llegamos a la población de Almirante, desde donde en pocos minutos parte el ferry que nos llevará hasta la isla Colón, en Bocas del Toro.

El padre Víctor nos ofrece quedarnos en la iglesia de Bocas del Toro. Al día siguiente nos subimos a las bicicletas para visitar Playa  del Draco y Playa de las Estrellas.

Nos cuesta creer que podamos estar aquí, es la primera vez que visitamos el Caribe y nos parece increíble estar en playas de arena blanca con el fondo decorado con estrellas de mar. El día anterior estábamos en medio de una tormenta, sin luz, sin agua y preocupados por donde íbamos a pasar a noche, pero eso fue ayer, hoy toca nadar entre estrellas de mar en aguas del caribe..

Bocas del Toro, en la isla Colón, no es lo que esperábamos. El ambiente no es muy agradable, con muchos locales nocturnos, gente borracha, peleas y mucha droga de toda clase, pero lo que realmente preocupa a las autoridades es que los artesanos no vendan su arte en la calle.

No tenemos intención de pasar mas de dos días en Bocas del Toro, cuando nos invitan a pasar unos días en isla Bastimentos, a pocos minutos en lancha desde isla Colón. EL ambiente es completamente distinto, quedamos fascinados cuando descubrimos a la gente bailar y cantar en la plaza del pueblo mientras niños de todas las edades juegan todos junto corriendo como locos, en medio de un mar de risas.

Son pocos lo recursos con los que cuenta la gente que vive aquí en Bocas del Toro, cuando el presidente de la nación acaba de anunciar que Panamá será en primer país del mundo en disponer de internet inalámbrico en todo el país de modo gratuito. La medida no esta nada mal siempre y cuando tengan en cuanta que en ciertas partes del país no llega la energía eléctrica.

Con energía o sin energía eléctrica todos bailan al ritmo de la música que suena en la radio que trae uno de los chicos.

No somos muchos los extranjeros que compartimos el momento con ellos, pero a ellos tampoco les importa mucho, lo importante es que fluya la música y la auténtica energía que mueve al panameño.

Con Isabel de España y Ebert de El Salvador, compartimos una casa en isla Bastimento. Los fines de semana nos desplazamos a Bocas del Toro donde cada uno se expresa con su arte, ellos con finas piezas de macramé y nosotros con nuestras fotografías. Durante el resto de la semana trabajamos en nuestros proyectos personales los cuales incentibamos con visitas a playas con fondos de coral y agua de coco.

Las preguntas a cual de ellas mas interesante: ¿no tienen hijos?, ¿es que no había otro modo de cruzar el continente, que no fuera en bicicleta?, ¿se comunican con sus familias?... Después de unas cuantas respuestas tranquilizadoras toman nuestras manos y nos dan su bendición.

Al despedirnos la Sra. Bella nos obsequia con uno de sus brazaletes. Lo guardaremos siempre como un recuerdo muy especial de este viaje por el corazón de América Latina.

Visitamos en Bocas del Toro, el centro para ancianos Paul, donde tenemos la oportunidad de compartir durante dos agradables horas anécdotas y historias sobre el viaje y las vidas de esta gente de avanzada edad. Nos reciben con los brazos abiertos y ansiosos por saber de nosotros al igual que por hablarnos de sus vidas. Apenas pueden ver las fotos que les mostramos por lo que decidimos seguir la visita hablando y compartiendo anécdotas y relatos.

Después de unos minutos son ellos quienes toman el timón de la visita cuando nos revelan historias increíbles acerca de sus extravagantes vidas. 

A la izquierda un italiano y un español haciendo locuras por alcanzar un coco, el cual siquiera deja acariciarse. A la derecha Ebert, salvadoreño y ligero como una pluma. En menos de diez segundos está bajando cinco cocos que después compartimos entre los componentes de la casa. Las risas no faltan.

Albert nos mira, pensativo... ¡¡estos europeos mejor se dediquen a cazar moscas... je je je!!

Durante días hemos estado atentos buscando un Perezoso, pero no ha habido manera. Después de varias semanas a sido el quien nos ha encontrado a nosotros.

A unos pocos metros de la casa pasa un cable de electricidad. En medio de la lluvia y ya caída la noche el Perezoso se pasea por el cable tranquilamente frente a nosotros, dejándonos a todos con la boca abierta. La seguridad y pasividad de sus movimientos son todo un espectáculo.

Han pasado tres semanas desde que llegamos a la isla Bastimentos, en Bocas del Toro y ha llegado el momento de seguir en ruta. Seguiremos Indira y Marc solos ya que Antonio partió hace ya dos semanas. La magia de este lugar y en especial la energía que desprende la casa de Bastimentos ha sido toda una inspiración y fuente de buenas amistades. Tomamos la lancha de nuestro “amigo” Ricardo quien nos lleva hasta isla Colón, desde donde un ferry nos llevará hasta Almirante donde continuaremos en ruta.

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Fotogaleríahttp://www.flickr.com/photos/marc_hors/sets/72157622544274663/show/shapeimage_4_link_0