Región Andina 2, Colombia. Etapa 41
Viernes, 5 de Marzo del 2010
Las proyecciones en escuelas son toda una inspiración y aunque son muchos los que nos están esperando en Bogotá, se nos hace muy difícil pasar frente a una escuela repleta de niños y no parar para compartir aventuras, experiencias y algunas de las fotos del viaje. En mas de una ocasión nos detenemos a la entrada de un pueblo para tomar un jugo de Naranja, Guayaba o Tomate de Árbol, mientras le explicamos a la señora de donde venimos a donde vamos y que hacemos. Al descubrir que no estamos pagando ninguna penitencia no duda un instante en facilitarnos el contacto para ofrecer una charla en la escuela de su hijo. << Es algo muy necesario, la basura se nos está comiendo, y si no son ellos, los niños, quien va a ser el que haga algo por este planeta >>.
Llegamos a Barbosa, al sur de Santander donde somos recibidos por la familia de Cesar Enrique. El nos conoció por medio de un articulo en el periódico y no dudo en ponerse en contacto con nosotros por medio de E.mail para invitarnos a su casa una vez llegáramos a Barbosa.
En compañía de su familia conocemos un poco mas de las costumbres colombianas y del día a día de los colombianos.
Hemos decidido afrontar el camino con mas subidas por tal de llagar hasta la ciudad de Chiquinquirá. Durante 4 horas ascendemos hasta llegar a la parte mas alta, a unos 2600 m.s.n.m
La lluvia nos acompaña en el último tramo cuando la noche cae sobre nosotros. Si llegamos ahora a Chiquinquirá será muy difícil encontrar a alguien que no quiera ofrecer alojamiento, por lo que instalamos el campamento en una bomba de combustible en Saboyá.
Por la mañana la temperatura ronda los 13 ºC cuando emprendemos la marcha a Chiquinquirá. El paisaje ha cambiado radicalmente, el verde predomina en las montañas, las vacas se distinguen por su piel peluda, las personas visten ropa de abrigo mientras que nosotros sacamos del fondo de las mochilas la ropa de invierno, la cual hacía 8 meses que no utilizábamos.
Chiquinquirá pertenece al departamento de Boyacá y con 57.000 habitantes es cuna de la basílica menor de culto católico romano Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia.
La artesanía típica de la zona son piezas talladas en Tagua. La Tagua es la semilla de la Palma de Marfil. Figuras con motivos religiosos predominan frente a la basílica Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.
Cargamos las mochilas de comida y nos dirigimos por una carretera que desciende hasta la población Villa de Leyva. La ruta discurre a trabes de campos de cultivo y zonas ganaderas, motor económico de la región.
A medida que descendemos nos detenemos en varias ocasiones para apreciar el paisaje. Villa de Leyva se distingue en el horizonte entremedio de las montañas.
Aunque lo hemos visto y olido en diversas ocasiones, seguimos sintiéndonos atropellados por la impunidad de muchos ante un hecho que se viene repitiendo desde los inicios del viaje. Los vertederos de basura descontrolados nos acompañan diariamente como si estos ya hayan pasado a formar parte de la cultura y costumbres de la humanidad.
Un agradable día de descensos y planicies se ha convertido en un tormento por nuestro amigo el viento. Haciendo un gran esfuerzo avanzamos muy despacio hasta llegar al desvío que nos llevará hasta Villa de Leyva.
El municipio de Villa de Leyva se encuentra sobre la cordillera oriental de los Andes, en la región central del departamento de Boyacá. Fundada en 1572 por Andrés Díaz Venero de Leyva es reconocido como patrimonio histórico cultural por su arquitectura de estilo colonial y variados paisajes.
La plaza principal es considerada la plaza mas grande de Colombia.
Recorriendo las empedradas calles de Villa de Leyva conocemos a Marta Bohórquez. Artista de profesión y amante de este lugar y su país nos hace un resumen de los lugares a visitar. Hablamos hasta caer la noche cuando Marta nos ofrece su casa para pasar la noche donde tenemos la oportunidad de apreciar algunas de sus obras, principalmente pinturas.
Con Marta visitamos los alrededores de Villa de Leyva, los cuales hace apenas unos meses se vieron amenazados por un terrible incendio que arraso con la vegetación autóctona de la zona. Ahora es un desierto de color negro que todos esperan que se recupere lo antes posible. ¿El culpable?... a saber, aunque el incendio se inicio junto al pueblo coincidiendo con una voraz afán de construcción.
Se han organizado tres conferencias en el INTINAR (Instituto Técnico Industrial Nacionalizado Antonio Ricaurte). Indira no se encuentra muy bien por lo que Marc se presenta solo, pero después de la segunda presentación Marc se encuentra igualmente mal y se cancela la última presentación.
Al regresar a casa de Marta, Marc cae en cama durante tres días por culpa de una gripe.
Con Indira ya recuperada, es entrevistada en la radio local, donde habla del proyecto que venimos desarrollando y de nuestras impresiones a lo largo de este viaje por el continente americano.
Con Marc ya recuperado visitamos el mercado de campesinos que se organiza cada sábado. La variedad en frutas y verduras nos deja fascinados como su olor y sabor. Preguntamos una y otra vez que es esto, que es aquello, como se come, como se cocina, para que lo utilizan. Muchas tienen efectos medicinales que solo gente nativa saben preparar. Los mercados son nuestra perdición, no encontramos el momento para salir de ellos.
A los alrededores del mercado se preparan sopas y platos típicos de la región como sopa de arvejas, maíz, caldo de papa y pata de res. Seria una locura no sentarse y probar uno de estos platos mientras hablamos con gente del campo quien amablemente nos explican los secretos de esta cocina tradicional.
Indira no puede evitar comprar un kilo de lana virgen traída de las montañas. Si seguimos así nos hará falta un trailer para cargar con todo... en fin nos dirigimos a zonas frías.
Es fin de semana y después de disfrutar de la hospitalidad de Marta durante cuatro días, necesita el cuarto para alquilarlo por lo que nos trasladamos al camping Molino del Balcón. Un lugar paradisiaco donde tenemos la oportunidad de cocinar con leña lo que hemos comprado en el mercado y en compañía de nuestro amigo “Gato”.
Ñoquis hechos con harina de Arepa acompañados con salsa de tomates naturales y mucha albahaca... UFFF que delicia.
1 de Marzo, preparamos la salida en dirección a Bogotá cuando Indira le pregunta a Marc... ¿tiene espacio para guardar algunas de mis cosas? :-)
Nos han informado del camino mas corto y menos pronunciado ya que estamos en un valle y debemos ascender para salir de este. En lugar de subir hasta Tunja, podemos tomar el desvío a Samacá y enlazar con Puente Boyacá, ya en la carretera principal que nos llevara directos a Bogotá.
Pero primero debemos ascender el cañón del infierno por el cual avanzamos lentamente ya que el viento continua frenando nuestras ilusiones, aunque echamos mano de la perseverancia la cual nos llevará hasta Samacá.
Por un recorrido serpenteante ascendemos lentamente aunque no por ello podremos disfrutar de las vistas de un paisaje explendido.
La temperatura esta bajando y ello nos ayuda a asumir las pendientes mas pronunciadas que nos llevaran hasta La Cima, pequeña población en lo alto del valle.
Llegamos a Boyacá donde el 7 de agosto de 1819 se llevo a cabo la La Batalla de Boyacá, batalla decisiva que garantizaría el éxito de la Campaña Libertadora de Nueva Granada encabezada por el libertador Simón Bolívar, una de las batallas más importantes de la guerra de independencia de América del Sur.
Por un terreno menos pronunciado avanzamos rápidamente cruzando las poblaciones de Ventaquemada, Villapinzón, Chocontá... hasta llegar a Briceño donde nos desviamos a Sopó para pasar la noche en el cuerpo de bomberos de esta población. No habían recibido a nadie anteriormente por lo que después de superar una evidente desconfianza nos tratan como a uno mas del cuerpo, invitándonos a cenar y desayunar.
Nos dirigimos a La Calera donde nos esperan Sandra, Mauro, Sofía y María. A ellos los conocimos en e P.N.N. Tayrona y no dudaron un instante en invitarnos a su casa una vez llegáramos a Bogotá.
Durante cuatro días disfrutaremos de su hospitalidad y nos ayudaran a organizar varias conferencias en Bogotá y sus alrededores.
Ha pasado un mes desde que dejamos la costa del Caribe de Santa Marta y hemos recorrido 1.198 Km. Una distancia insignificante si lo comparamos con las experiencias vividas a lo largo de esta ruta por el interior oriental de Colombia.
Agradecerles a todas aquellas personas que se preocuparon por nuestra persona, nos aconsejaron, nos dieron albergue y cargaron nuestras mochilas de frutas exóticas, nos cuidaron cuando enfermamos y nos ofrecieron un tinto a trabes de la ventana de su auto... gracias.
